La lagartija negroverdosa (Liolaemus nigroviridis) pasa entre el 52% y el 88% de su tiempo activo sobre rocas. Es una especie saxícola: usa las piedras para termorregular, refugiarse y buscar alimento. Suele estar inmóvil sobre una piedra plana expuesta al sol, lo que la hace difícil de detectar para quien no conoce la especie. Es endémica de Chile central y está clasificada como Vulnerable.
Pertenece al género Liolaemus, el tercero más diverso del mundo entre los lagartos, con alrededor de 96 especies en Chile. La negroverdosa es una de las que habita en mayor altitud: ocupa zonas por sobre los 2.000 metros en la cordillera de los Andes y de la Costa, entre las regiones de Valparaíso y O’Higgins. En la precordillera andina de la zona central ha sido registrada en quebradas, esteros y embalses de altura, siempre sobre suelo rocoso y entre vegetación arbustiva.
Morfología de la lagartija negroverdosa
Es una lagartija más bien grande dentro de su género: puede alcanzar los 21 centímetros de longitud total, con una cola que puede ser el doble del largo del cuerpo. Los machos presentan una coloración dorsal en tonos verdes, azules y cafés con manchas negras irregulares. Las hembras son más pálidas, de color café a gris, con un patrón de manchas negras más ordenado y algunas escamas blancas. Ese dimorfismo sexual hace relativamente sencillo distinguir individuos en terreno una vez que se conoce la especie.
Poblaciones aisladas en las cumbres
Un estudio publicado en la revista Animal Conservation por investigadores de la Universidad de Chile reveló que Liolaemus nigroviridis no conforma un grupo homogéneo: se divide en cinco poblaciones genéticamente diferenciadas con bajos niveles de conectividad entre ellas. Las cumbres de la cordillera funcionan como ambientes aislados, separados por valles que la especie no puede cruzar con facilidad.
Cada cumbre mantiene una población genéticamente diferenciada. Proteger la especie de forma genérica no es suficiente: cada grupo conserva una historia evolutiva particular.
Esto tiene consecuencias directas para la conservación: proteger a la especie de forma genérica no basta. Cada población es una unidad evolutiva con valor propio y su pérdida no puede compensarse con individuos de otra cumbre. Las poblaciones andinas de la zona central son, en ese sentido, irreemplazables.
Comportamiento y alimentación
Es diurna y heliotérmica: depende del calor solar para regular su temperatura corporal. En invierno entra en letargo bajo la nieve. Su actividad estacional se concentra entre octubre y marzo. Su dieta es omnívora e incluye insectos, arácnidos y material vegetal.
En el ecosistema ocupa un lugar doble en la cadena trófica: como depredadora de invertebrados y como presa de aves rapaces como el aguilucho y el cóndor. También puede ser depredada por zorros y culebras de cola larga (Philodryas chamissonis), especie que comparte los mismos sectores rocosos de altura.
Amenazas y conservación
El cambio climático representa la amenaza más documentada a largo plazo. El aumento de temperaturas y la reducción de la cobertura de nieve comprimen el espacio habitable para una especie que ya vive en áreas restringidas. A esto se suma la fragmentación del hábitat por infraestructura en los valles que separan las distintas poblaciones, lo que reduce aún más la posibilidad de intercambio genético entre grupos ya de por sí aislados.
La lagartija negroverdosa forma parte de los Legendarios de Bichología, una categoría especial para los animales que admiramos en nuestros cerros y que cuando aparecen, no se olvidan.