El tucúquere (Bubo magellanicus) es el búho más grande que habita Chile. Mide entre 45 y 55 centímetros, puede pesar hasta 1,5 kilos y su cuerpo robusto, plumaje gris con barras oscuras y dos penachos notorios sobre la cabeza lo hacen inconfundible. Sus grandes ojos amarillos indican que su actividad no se limita estrictamente a la noche: caza también en horas crepusculares, cuando la luz es escasa pero no ha desaparecido del todo. Las hembras son algo mayores que los machos, diferencia de tamaño habitual entre las rapaces.
Se distribuye a lo largo de todo Chile, desde el extremo norte hasta Magallanes, en rangos de altitud que superan los 4.000 metros. En la precordillera de la zona central ocupa laderas con vegetación nativa, roqueríos y quebradas, donde encuentra refugio durante el día y espacios abiertos para cazar al anochecer. Su vuelo es batido y relativamente rectilíneo; las alas anchas y redondeadas le permiten maniobrar con facilidad al perseguir una presa.
Alimentación y rol en el ecosistema
Su función ecológica es la de depredador de posición intermedia. Se alimenta principalmente de roedores, aunque también consume marsupiales, murciélagos, aves, anfibios e invertebrados según la disponibilidad estacional. En primavera, cuando los mamíferos pequeños son más abundantes, estos forman la mayor parte de su dieta.
Al controlar las poblaciones de roedores, el tucúquere cumple un papel que beneficia directamente al ecosistema. Sin depredadores como él, las poblaciones de ratones y ratas crecerían sin freno, afectando la vegetación, los cultivos y otros componentes de la cadena alimentaria. Su presencia en un paisaje es una señal de que el ecosistema conserva parte de su equilibrio natural.
Su disco facial funciona como un radar: concentra los sonidos del entorno y los dirige hacia sus oídos con una precisión que pocas aves alcanzan.
Su técnica de caza es la espera. Desde una percha elevada observa el entorno, detecta el movimiento o sonido de una presa y lanza un vuelo corto y preciso para capturarla. A diferencia de lo que suele creerse, los búhos no pueden girar la cabeza 360 grados sino aproximadamente 270, gracias a sus 14 vértebras cervicales y arterias del cuello especialmente adaptadas.
Reproducción
El tucúquere no construye nido. Ocupa cavidades naturales en roqueríos o plataformas abandonadas por otras rapaces como peucos o aguiluchos, y en ocasiones puede utilizar estructuras humanas. La puesta es de dos a tres huevos blancos, incubados por la hembra durante aproximadamente 35 días mientras el macho aporta alimento. Al acercarse la época reproductiva, los cantos territoriales se intensifican: el macho emite una secuencia grave y la hembra responde con una vocalización algo más aguda. Los juveniles producen llamados distintos para solicitar alimento.
Amenazas y conservación
Su estado de conservación es de Preocupación Menor según la UICN y no se encuentra clasificado en el Reglamento de Clasificación de Especies de Chile. Sin embargo, enfrenta presiones locales. La expansión urbana reduce los espacios de nidificación y caza. El uso de rodenticidas representa una amenaza indirecta: el tucúquere puede consumir roedores intoxicados con anticoagulantes y morir por envenenamiento secundario. En zonas rurales persisten creencias que lo asocian al mal agüero, lo que en algunos casos deriva en su persecución directa.
Conservar al tucúquere implica mantener quebradas, roqueríos y árboles disponibles para anidar, evitar perturbar sus refugios diurnos y prescindir del uso de venenos para roedores cuando existen depredadores naturales activos en el área. Reconocer su rol como controlador natural de roedores es el primer paso para entender por qué su presencia importa.
El tucúquere forma parte de los Legendarios de Bichología, una categoría especial para los animales que admiramos en nuestros cerros y que cuando aparecen, no se olvidan.