Esta vez fuimos de paseo a la sexta Región de O’Higgins. Era una mañana de mucho calor y el verano recién comenzaba. Caminábamos por un cerro, entre matorrales, pastizales secos y sectores de tierra expuesta, atentos a lo que pudiera aparecer. Llevábamos un rato recorriendo el lugar cuando Dante se detuvo y me dijo que había visto algo moverse entre los arbustos.
Antes de que pudiera preguntarle qué había visto, salió corriendo.
Yo prendí la cámara y fui detrás de él. Dante avanzó unos metros, se lanzó hacia un arbusto y metió las manos entre las ramas. Desde donde yo estaba, no alcanzaba a ver nada. Unos segundos después se levantó con una culebra en las manos.

—¡Papá, mira!
Era una culebra de cola larga, Philodryas chamissonis, una especie endémica de Chile y la culebra de mayor tamaño que vive en nuestro país.
Dante estaba muy contento. Era la primera vez que encontrábamos una culebra durante una de nuestras excursiones y podíamos observarla y grabarla con calma.
Mientras yo la filmaba, la culebra movía todo su cuerpo intentando escapar. Dante observaba cómo serpenteaba y se enrollaba alrededor de sus manos. De pronto me miró sorprendido.
—¡Se hizo pipí!
Los dos nos reímos. Había expulsado un líquido de olor bastante fuerte mientras intentaba defenderse. Era una señal bastante clara de que no estaba cómoda con la situación y de que debíamos observarla solo por un momento.

La sostenía con cuidado, afirmándola detrás de la cabeza para evitar que pudiera morderlo. De cerca se distinguían muy bien sus escamas, la forma definida de su cabeza y sus grandes ojos. La culebra medía cerca de un metro y se veía larga y delgada. Esta especie puede superar ampliamente el metro de longitud, por eso es considerada la culebra más grande de Chile.
Dante la sostuvo también por la cola para observar cómo se movía. Su cuerpo era muy flexible y cada parte parecía participar en el desplazamiento. Verla serpentear tan cerca permitía entender por qué puede desaparecer en pocos segundos entre los pastos y arbustos.

La culebra de cola larga tiene una amplia distribución en Chile y habita principalmente ambientes de la zona central y centro-sur. Se la puede encontrar en matorrales, pastizales, sectores rocosos y laderas como aquella por la que caminábamos esa mañana.
Como otros reptiles, depende de fuentes externas de calor para regular su temperatura corporal, por eso las mañanas cálidas de comienzos de verano son buenos momentos para verla activa entre la vegetación.
También posee veneno, que utiliza principalmente para inmovilizar a sus presas. Sus colmillos están ubicados hacia la parte posterior de la boca y sus mordeduras a personas son poco frecuentes. Se alimenta de lagartijas, anfibios, pequeños mamíferos y algunas aves. Su presencia cumple un papel importante en el equilibrio de los ecosistemas donde vive.
Hoy preferimos observar estos animales sin tomarlos y mantener una distancia que permita verlos sin intervenir en su comportamiento. En ese momento, poder verla tan de cerca nos permitió fijarnos en detalles que normalmente duran apenas unos segundos antes de que una culebra desaparezca entre la vegetación.

Después de observarla y grabar algunos planos, Dante la dejó con cuidado en el suelo y nos apartamos.
La reacción fue inmediata. La culebra comenzó a avanzar rápidamente, serpenteando sobre la tierra hasta desaparecer otra vez entre los arbustos.
Nos quedamos muy contentos con el encuentro. Habíamos salido a caminar por un cerro una mañana de mucho calor y terminamos encontrándonos con uno de los reptiles más atractivos de Chile central. Desde entonces, cuando algo se mueve rápido entre los matorrales, miramos con mucha atención.