Esta vez visitamos un parque de la precordillera de Santiago. Salimos bien temprano con Dante, cuando el aire todavía estaba fresco. A esa hora los pájaros se activan y se ven pasar de un lado a otro entre los árboles, todavía no se siente el ruido de la ciudad. Queríamos internarnos en el cerro y ver qué podíamos encontrar entre los árboles, matorrales y pastizales secos.
Al poco andar, el paisaje se puso más entretenido y desafiante. Bajamos por algunas quebradas donde había árboles grandes y el terreno se volvía más irregular. En ciertos tramos tuvimos que ayudarnos con unas cuerdas que estaban amarradas para pasar con cuidado. Nos entretienen los lugares menos accesibles. Yo iba unos pasos detrás de Dante, con mi cámara, atento a lo que pudiera aparecer.

Llegamos finalmente a un sector rodeado de pasto seco y tierra suelta. Dante vio un agujero en el piso y sospechó que podría tratarse de una madriguera de araña pollito. Se agachó y limpió con cuidado el entorno de la entrada. Entonces apareció una pista importante: alrededor del agujero había seda adherida a la tierra y se alcanzaban a ver restos de pequeños insectos.
Yo empecé a grabar de inmediato.
—Estoy seguro de que es una araña pollito y que está ahí —dijo Dante, sin apartar la vista del agujero.
Las arañas pollito suelen permanecer refugiadas en madrigueras y dejan su seda alrededor de la entrada. Esa red no está ahí para atrapar insectos como ocurre con otras arañas, les sirve para percibir las vibraciones que producen sus presas cuando se acercan al refugio.
Dante buscó un tallo seco y delgado, y comenzó a moverlo suavemente sobre la seda. Su idea era imitar el movimiento de un insecto y comprobar si realmente había una araña dentro. A veces apenas la rozaba y otras introducía el tallo en la entrada de la madriguera, con mucha paciencia y en silencio.

Al principio parecía que no había nada. Dante seguía moviendo el tallo y, después de unos minutos, algo se movió en la oscuridad. Primero se asomaron sus patas delanteras, la araña tocó el tallo y volvió a esconderse. Luego la araña salió otra vez con ganas de atrapar a su presa.

Cada vez la araña salía un poco más, hasta que finalmente la pudimos observar casi completa en la entrada de su madriguera.
Era una araña pollito grande, una Grammostola rosea, de tonos café y rojizos y con abundantes pelos cubriendo sus patas. Ya habíamos visto arañas pollito en otras excursiones, pero esta fue la primera vez que pudimos grabar cómo salía de su propia madriguera.
Dante observó que parecía tener diez patas y me preguntó por qué no tenía ocho si era un arácnido. Le expliqué que los dos apéndices que se ven delante de su cuerpo se llaman pedipalpos. Son más cortos que las patas y los utilizan para explorar lo que tienen cerca, manipular el alimento y, en los machos adultos, también cumplen una función reproductiva.
Pudimos observar cómo intentaba sujetar el tallo. Ese comportamiento nos permitió entender cómo captura a sus presas. Cuando detecta las vibraciones de un insecto cerca de la madriguera, puede salir rápidamente, sujetar a la presa e inocularle veneno. Luego comienza un proceso de digestión externa: libera enzimas que descomponen los tejidos de la presa y finalmente ingiere el alimento ya licuado.

Nos quedamos un rato observándola y grabando algunos últimos planos, y volvió a entrar a su madriguera.
Encontrar una madriguera así, casi escondida entre el pasto seco, nos dejó muy contentos. Muchas veces basta caminar más lento y mirar con atención para descubrir que, bajo la tierra o entre las piedras, hay animales que permanecen completamente ocultos.
La araña pollito siempre ha sido una de nuestras arañas favoritas y encontrarla en su ambiente natural nos recuerda la importancia de conservar estos lugares.