El puma (Puma concolor) es el felino más grande de Chile y el carnívoro terrestre de mayor distribución en el continente americano, desde Canadá hasta el Estrecho de Magallanes. En la zona central del país, los machos pesan entre 53 y 72 kilogramos y las hembras entre 34 y 48, con ámbitos de hogar que van de 40 a 90 km². Eso significa que un solo individuo necesita un territorio enorme para subsistir, buena parte del cual queda fuera de áreas protegidas. Es un animal solitario, de hábitos crepusculares y nocturnos, que ocupa desde la cordillera de los Andes hasta la cordillera de la Costa en la zona central de Chile.
Su pelaje es uniforme, con tonalidades que van del gris al pardo rojizo, con coloración blanquecina alrededor de la boca. Las crías tienen manchas que desaparecen hacia los tres meses de edad. En la zona central no suele superar los 35 a 40 kilogramos y 1,5 metros de longitud total. Para los arrieros y habitantes de la cordillera de la zona central, el puma siempre estuvo presente en la memoria colectiva. Los ‘leoneros’ salían con perros y escopetas cuando sabían que andaba cerca. Hoy esa práctica está prohibida por la Ley de Caza.
Rol del puma en el ecosistema
El puma es un depredador tope: regula directa o indirectamente a todas las especies con las que cohabita. Su dieta es variable e incluye desde pequeños roedores hasta grandes herbívoros como el guanaco, pasando por liebres, conejos, zorros y aves. En la zona central, su presa original fue el guanaco, que históricamente abundó en las laderas andinas. Durante el siglo XX, la caza intensiva redujo las poblaciones de guanaco al punto de extinguirlas localmente en muchos sectores. Para la Región Metropolitana se estima hoy una población de entre 150 y 300 individuos compartidos con Argentina.
Estudios de dieta en la zona central mostraron que la principal presa del puma fue la liebre, mientras que el ganado tuvo una baja representatividad.
Sin guanaco disponible, el puma comenzó a depredar el ganado de las veranadas. La secuencia es conocida: el ganado reemplaza a la presa natural, el puma ataca al ganado, el ganadero mata al puma. Lo que los datos también muestran es que cuando hay disponibilidad de presas silvestres, la predación sobre ganado disminuye. La carroña que deja el puma tras una cacería alimenta a zorros, cóndores, mamíferos menores e insectos, lo que lo convierte en un proveedor indirecto de recursos para muchas otras especies.
Estado de conservación y presiones actuales
El puma está catalogado como Casi Amenazado a nivel global. Su distribución fuera de áreas protegidas lo expone de manera permanente al conflicto con actividades económicas humanas. La Ley de Caza N° 19.473 prohíbe su caza y captura no autorizadas desde 1980, pero la persecución sigue ocurriendo. Los ataques a personas son extremadamente escasos. El animal tiende a evitar el contacto humano y, cuando se lo encuentra, generalmente huye si se le deja una vía de escape.
Solo el 1,56% de la Región Metropolitana está bajo protección estatal, lo que sitúa a la precordillera andina de la zona central como uno de los territorios más críticos para la conservación de carnívoros de gran tamaño en Chile. La reintroducción del guanaco en algunas áreas protegidas de la zona central apunta directamente a restablecer la cadena trófica que el puma necesita para reducir su dependencia del ganado. Es una de las pocas intervenciones que ataca el problema desde la raíz.
El puma forma parte de los Legendarios de Bichología, una categoría especial para los animales que admiramos en nuestros cerros y que cuando aparecen, no se olvidan.